Quiénes somos
Decía Nietzsche:
“nuestra primera cuestión sobre el valor de un libro, de un ser humano o de una composición musical es: ¿pueden ellos andar? Incluso más: ¿pueden ellos bailar?”.
Así en los cielos como en la guerra, alegoría es una editorial con vozcanción danzarina, eurítmica, ninfónica, también zascandil.No se rige por ningún anhelo de paz ni alelo de perpretuidad sino con resuelta disposición a cumplir la vida.Ya su propio nombre encierra una confabulación entre vitalidad e inteligencia: alegoría no brota de hechizo `culterano´ sino que, en su panza significante, lleva preñez de alegría.Spinoza comprendió que el único mandamiento es la alegría. No como recompensa o consecuencia de la virtud, sino como el rostro más amable de lo bueno.El mismo legado de conformidad con el hecho de vivir acoge el hermoso epitafio de Martinus von Biberach:
Vengo de no sé dónde, Soy de no sé quién, Muero no sé cuándo, Voy a no sé dónde, Me asombro de estar tan alegre.
Ahora bien, no hay posibilidad de alegría sin finesse en la elección de las metáforas que nos son: las que nos despliegan de manera más plenaria, más fecunda en posibilidades, contra la debilidad y las muertes. Nuestra libertad se inventa con la palabra. Nuestra alegría también. Y al inventarlas, nos inventamos. De ahí alegoría, armonía entre la urdimbre simbólica y la plétora vital que nos cumplen como humanos. Pues con Hördelin:
“quien ha pensado lo más profundo, ama lo más vivo”.


