Autor: Mercedes Ruiz Paz | Editorial Alegoría

Los límites de la educación

Lúcida reflexión en torno a la asunción pasiva por parte de un amplio sector de maestros de muchos de los presupuestos de la actual pedagogía, y sus nefastas consecuencias.


 páginas / Formato 210 alto x 130 ancho (mm) / Encuadernación / ISBN 978-84-605-8902-0 / 84-605-8902-1 

14,00 €


Descripción

"Lo queremos todo. Queremos una educación de élite para todos": con esta declaración cierra la autora el décimo capítulo de Los límites de la educación. Fuera de su contexto, esta expresión sólo puede, quizá, despertar cierta condescendencia irónica en el lector. Cuando se llega a ella después del largo recorrido argumental y probatorio que se ofrece en los capítulos anteriores, sólo es posible sumarse a la iniciativa; eso siempre que el lector haya sido capaz previamente de recuperar el resuello. La autora parte de la mera descripción del actual estado de las cosas en el mundo de la enseñanza (nunca más "educación"); paso a paso, lleva de la mano al lector por un recorrido ascendente, progresivamente acelerado, durante el cual nada queda atrás sin nombrar. Por fin, resuelve en aquella declaración lo que el lector ya sabe que es ciertamente posible.

Nada queda sin nombrar, en efecto, y es ésta precisamente la primera de las virtudes de esta obra por otra parte apasionante. ¿Quién no se ha dado a todos los diablos en alguna ocasión al intentar descifrar la jerigonza de la moderna (y ya rancia) pedagogía? ¿Quién no se ha deseperado al presenciar uno de los cotidianos alardes de camuflaje que las autoridades, públicas o privadas, proceden a realizar ante cualquier conflicto escolar que es dado al conocimiento público? Mercedes Ruiz, apoyada precisamente en su condición de "licenciada en pedagogía allá por los años setenta" y, sobre todo, en sus diecisiete años de experiencia como docente, se atreve a pisar el suelo de la realidad y a llevarnos con ella; y en ese suelo es donde habitan los alumnos (¿"educandos"?) sobre los cuales pretende versar esa pedagogía hegemónica siempre oscilante "entre el espíritu y la varianza". Nunca se propone expresamente confeccionar un diccionario Pedagogía-Castellano, pero la obra lo contiene. No quiere ser Los límites de la educación un tratado sobre el nefasto relativismo cultural hipertrofiado de la postmodernidad, pero se podría componer ese tratado ordenando de otro modo su texto. No es esta obra un exabrupto, un panfleto, o una descarga meramente emocional, pero indudablemente hay en su origen una indignación, una propuesta y una intención de combate absolutamente dignos de lo mejor de nuestra tradición intelectual.
¿Estamos ante una obra revolucionaria? Es pronto para afirmarlo. Sí, desde luego, el calificativo de "progresista" parece adquirir un significado pleno al atribuírselo, lo que en su día fue considerado como tal en ese mundo pedagógico ha quedado evidentemente herrumbroso, y a la vista está (pero atreverse a decirlo es otra cosa) que desde hace años se desliza pendiente abajo y arrastra a los alumnos hacia un extraño territorio en el que el tema "El Buzón de Correos" ha sustituido a "Los Mamíferos", y las dos semanas de preparación de las fiestas de carnaval a Cervantes. Mercedes Ruiz es la primera voz que protesta en público con las mismas palabras que entantas reuniones privadas se pueden oír; también ella se pregunta por qué sólo en reuniones privadas. Sentíamos la necesidad de una obra como Los límites de la educación desde hace años; por fin parece haber vida inteligente en la pedagogía; por fin alguien propone una Pedagogía del Contenido.

Su perfecta prosa, en ocasiones incluso hilarante, tiene además la virtud de expresar todo aquello que al ser leído es asumido por el lector como pensamiento propio. Nada más fácil que contagiarse del criticado al tratar asuntos como el concepto de "autoridad", o el de "metodología", o tantos otros. Sin embargo, lejos de reproducir los vicios y las vacuas pedanterías homicidas, Ruiz consigue hacer de todo ello materia de sentido común. Probablemente habría que acabar con las típicas maledicencias acerca de éste y recuperarlo para la enseñanza en la medida en que lo propone la autora. Sobre esa base, ella cree que todavía es posible la enseñanza. Cualquier lector de Los límites de la educación se incorporará a esa esperanza.

Fragmentos del texto

"Tenemos un sistema educativo muy preocupado por desarrollar la creatividad de los alumnos, pero que sólo considera creativo hacer cacharritos de barro, pintar con los dedos o pegar palillos sobre una cartulina de colores. Es decir, que entiende la creatividad aplicada exclusivamente a actividades manipulativas. Sin embargo, al instrumento más creativo del que dispone la persona, el lenguaje, se le ha despojado de importancia." (Página 69)

"Es tentadora la pretensión de que existen uno o dos modelos educativos vigentes en la actualidad, uno o dos patrones según los cuales los colegios funcionan, una o dos líneas de pensamiento que inspiran la vida escolar. Los análisis más groseros pretenden que los hay, mostrando una antítesis excesivamente simplificadora entre escuela tradicional y escuela progresista o entre escuela pública y escuela privada." (Página 111)

"La verdadera batalla ideológica en la educación actual no se libra eligiendo entre los modelos de 'escuela tradicional' o 'escuela progresista'; tampoco eligiendo entre la escuela pública y la privada. Las batallas igualitaristas carecen de sentido si se piensa que el fracaso se produce tanto en los alumnos denominados 'marginales' como en los que llevan la tarjeta de crédito en el bolsillo desde los diez años." (Páginas 190-191)

 

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